Tan sólo pensar que un sonido es una onda, una canción son sonidos agradables, ondas que llevan a cabo una melodía perfectamente coordinada. Las olas del mar son ondas de agua a la vista, son música al oído. El susurro del viento son ondas de aire al tacto, son música al oído. La música no se encuentra tan sólo encerrada entre cinco rejas, sino en la naturaleza. Aunque no signifique nada, lo muestra todo, ya que genera un recuerdo. Una canción un día de lluvia recordará siempre a ese día de lluvia, de la misma forma que la música de las olas recuerda al mar. Sí, son recuerdos muy emotivos, y esa sensación placentera lleva a "inventarla". Sobre esos cinco cables se colocan pájaros negros que cantan uno tras otro, en un orden perfecto. Puede haber más cables, más pájaros sonando a la vez. Quizá su canto termine emocionando, angustiando, lamentando o alegrando. Quizá su canto recuerde ese día de lluvia o el sonido de las olas. Siempre hay una canción en cada lugar y en cada momento: la música está presente en todo y ausente en nada. Oímos el sonido de las olas y el susurro del viento, y cuántos pájaros se estarán perdiendo en el universo, inaccesible, con tan distintas voces.
A veces esos pájaros son la mejor y más fiel compañía, siempre allá donde yo vaya. Pero los pájaros que salen de tu voz... mi corazón los oye y se estremece, mi cerebro los escucha y una sensación de alegría invade inmediatamente mi alma. Hace tanto que no los escucho... puede que hayan vuelto a ese universo al que no puedo acceder o, simplemente, siguen cerca en la distancia pero lejos en el olvido. Y si esos pájaros están para causar en mí el placer, supongo que se ausentan porque así estoy mejor.

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