sábado, 3 de diciembre de 2011

Microrrelato: Parte de mi alma

Vaya, qué cómoda es esta camilla. Un ambiente en calma, seguridad. No me extraña que la gente piense con facilidad los motivos por los que decidió venir.
Dos meses hace, y lo recuerdo como si hubiera sido esta mañana. Mi hijo, recién traído del hospital, en su cuna. Patalea y me mira a los ojos riendo. Me logra sacar una sonrisa, es lo más bonito que ha osado postrarse ante mis ojos. "Tiene los ojos de su padre" decían. No les faltaba razón, tenían el mismo brillo. Es tan vulnerable... Y es parte de mí. Él es la mitad de mí. Alguien a mi imagen y semejanza. Podré educarlo y criarlo en los valores en los que me educaron mis padres... ¡Qué digo yo! ¡Me ignoraban! Mi padre siempre me ha odiado. La de veces que me llamaba por mi nombre, tan sólo que cambiando sus letras por las de "Accidente". Hacía todo para que estuviese orgulloso de mí, pero sólo sacaba mis fallos. No sé si tenía fe en su hijo o deseaba echarlo de casa en cuanto tuviese uso de razón. Mi madre estaba cansada de mediar con él, se lo dejó bien claro: le abofeteó con la palabra. Mi padre la abofeteó sin más, con una fuerza hercúlea. Cayó al suelo casi inconsciente. Yo me quedé paralizado en la puerta del salón. Me salen lágrimas sólo de recordarlo. Me cogió del cuello y me metió en mi habitación... con llave. No volví a escuchar a mi madre gritar. El sonido del acero atravesaba sus entrañas mientras yo permanecía en mi cuarto, golpeando la puerta y rezando por su vida. Me tuvo que sacar la policía a los dos días. Casí pensé que moriría de hambre allí. Mientras salía en brazos de un agente, vi la mancha de sangre que mi madre derramó sobre la alfombra. Mi padre estaba en la puerta, esposado, mirándome... "Tienes los ojos de tu padre" me decían. Y encima sonriéndome. ¡Hijo de puta!... Me sonríe como mi hijo. Yo soy parte de mi padre. ¡Mi hijo es parte de mi padre! ¡Me odiará, me despreciará, me ignorará! ¡Y yo también le odiaré a él! ¡En sus ojos veo el cadáver de mi madre! ¡Maldito hijo de puta tu también, bajo esa apariencia de inocencia! ¡¿Creías que no te reconocía?! ¡Con esos cubos con letras escribirás la palabra "Odio"! ¡No pienso permitir nada de eso! ¡¡Otra vez no!! ¡Otra vez no! Otra vez no...
El mismo cuchillo que atravesó a mi madre fue el que acabó con ese malnacido. Ahora que tu sangre cae por las rejas de madera, salpicando el osito de peluche en el suelo, realmente te aprecio y realmente descanso. Sí... Realmente me ha sentado muy bien tumbarme en esta camilla... inmovilizado y esperando la aguja que pondrá fin a mi oscuro legado.