Nueve y media de la noche. Perfecto. El tren llegará en seis minutos.
Cuántos recuerdos me trae esta estación. Aquí conocí a mi amada, Jane. Su cabellera marrón y sus imponentes ojos capturaron mi mirada en el primer momento. El tren se retrasó y, amablemente, le invité a un café.
Ella estaba sola, aquí, en el andén 5, donde estoy ahora mismo. Miro al horizonte desde aquí y la sigo recordando. ¿Por dónde iba? Ah, sí.
Me dijo que su último novio la abandonó al marchar a la guerra, para evitar el dolor de la distancia. Eso fue una verdadera puñalada, pero entiendo la actitud de ambos. La mesa cojeaba un poco y la leche desbordaba la taza. Cojí una servilleta e hice un apaño casero, algo tan simple que una leve risa salió de sus labios. Qué dientes tan blancos, como la misma nieve, relucientes. La luz que necesitaba mi corazón para sacarme del rincón oscuro donde estaba, en la más profunda soledad cara a la pared.
Miro el reloj: quedan tres minutos para que llegue el tren...
Entonces puse la servilleta bajo la pata que cojeaba. En mi descenso vi unas piernas preciosas, con unos majestuosos zapatos de tacón, marrones. Era la moda de la época, así que supuse que era de familia rica. Volví a erguirme por encima de la mesa. Ella seguía sentada, sonriendo y tocándose el pelo. Nunca olvidaré aquella imagen. Mantuvimos una conversación agradable mientras yo insistía en pagar. Parecía que le caía muy bien, y ella a mí también. Dejé las monedas en la mesa y el camarero se las llevó. Le pedí que se quedase la vuelta. Un gesto de amabilidad para la vista de los demás, y sobre todo de Jane, pero ese café fue el principio de un apasionante amor.
Queda un minuto para que llegue el tren. La gente me mira, extrañada, me habla... Pero yo la sigo recordando.
Nos acercamos al andén 5, donde estoy ahora, y, allí, me dio un beso, más dulce que el azúcar que eché al café, breve, pero apasionante. Nuestras miradas se quedaron clavadas... al igual que su bello tacón en una grieta. Tropezó y cayó de espaldas a la vía mientras el acero del tren pasaba sobre mi mirada impotente y su perfecta imagen. La gente se acercaba como fingiendo poder hacer algo, pero la sangre que recorría su cuerpo se filtraba en las vías, que parecían de cobre oxidado. Mi rostro palideció, me quedé en blanco, mi corazón no supo responder... Mis ojos se inundaron de lágrimas, silenciosas, mi boca temblaba en ese momento, como mi mano, fría, frustrada...
Las vías ya vibran, el tren se acerca, rugiendo. La gente no hace más que amontonarse y gritarme, pero no me pienso apartar. Volveré con ella justo en el lugar donde le vi marcharse.

Sin palabras milord... Sin palabras...
ResponderEliminarMe ha gustado mucho!!! Especialmente el final...
ResponderEliminaro.O madre mia , me encanta el final , no me lo esperaba XD
ResponderEliminarMuy bueno. Si señor, me gusta. Un saludo, tu primo!
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