miércoles, 2 de noviembre de 2011

Romance: El ente suplicante

Del salón dentro del cuarto,
de la luz de la ventana
que se oscurece al entrar,
cuando una presencia emana
con rostro de tranquilidad
por ese lugar que amaba.
Sentóse en su sillón
al regazo de la flama,
abrióse al azar un libro
cuando a la puerta llamaban.
extrañado miró al fondo
y casi sin voz dijo "pasa".

Entró un ente ensangrentado,
se arrodilló ante el sillón
y jadeó lentamente
mirando al pétreo anfitrión.
posó su libro en la mesa,
escuchó con atención:
"creo que lo hice de nuevo
¡en qué hora quité razón
a lo que una vez dijiste
oh, tú, digno pensador!"

"¿Y qué fue lo que te dije?
he de escucharlo en tu voz".

Y fue cuando el suplicante
cerró sus párpados fuerte,
dejando caer cascadas,
dejando mover su mente.
"Lo que dijo el pensador
según lo que yo recuerde,
que si tanto amo la vida,
el mundo de campos verdes,
dejaré que el leñador
abajo todo lo eche
ya que esa es su labor,
mas yo no debo blandir
esa hacha que es su muerte
y no hacer mío lo ajeno,
sino que corra a su suerte,
que crezca y viva sin mí,
porque sé que ese árbol puede,
porque no le vi nacer
o, peor, no recuerdo verle."

El anfitrión asintió:
"y aun así veo que insististe,
y que entraste su cabaña
y, después, su hacha blandiste
y, sin pensar, en tu rabia
lanzaste un golpe y te heriste.
Pero yo veo en tus ojos
que piensas volver a hacerlo,
porque no sabes abrirlos,
porque no sabes verlos,
así que lo hago por tu bien:
vuelve ahora a tu casa, ordeno,
y no quiero verte fuera,
no abandones ese techo,
hasta que dejes su hacha
y hasta que calles tu pecho
que está herido: da clemencia,
ya que estás sangrando dentro"

1 comentario: